Este proyecto representó un emocionante desafío de interiorismo, donde un antiguo almacén de alfombras fue transformado en una moderna escuela de danza. El objetivo era conservar la identidad arquitectónica del lugar mientras se adaptaba a las necesidades funcionales y estéticas de un espacio dedicado al arte de la danza.
Uno de los elementos más destacados del diseño fue la decisión de mantener el techo abovedado en ladrillo visto del sótano. Este detalle no solo preservó el carácter histórico del edificio, sino que también añadió un aire nostálgico que enriquece la atmósfera del espacio, haciéndolo único.
La reforma se centró en combinar la estética con la funcionalidad necesaria para una escuela de danza. La utilización de maderas tropicales y lacadas junto con vidrios y una abundancia de espejos, no solo maximiza el uso de la luz natural, sino que también amplifica visualmente el espacio, creando un ambiente abierto y acogedor.
Un aspecto clave del proyecto fue la innovadora utilización de elementos de diseño específicos para optimizar la entrada de luz natural. Este enfoque no solo mejora la visibilidad durante las sesiones de danza, sino que también contribuye a un ambiente vibrante y energético, esencial para un espacio creativo.
El resultado final es un testimonio de cómo el interiorismo y la decoración de interiores pueden transformar un espacio industrial en un entorno inspirador y funcional para la danza. La escuela ahora ofrece un espacio que no solo respeta la historia del edificio, sino que también proporciona las condiciones perfectas para que bailarines de todas las edades y niveles exploren y desarrollen su arte. Este proyecto destaca por su capacidad para fusionar arquitectura y diseño de manera que respeta el pasado mientras se adapta a las demandas contemporáneas, demostrando el poder del interiorismo para reimaginar y revitalizar espacios.